La democracia trajo consigo la libertad de prensa lo que derivó en una expansión mediática. Además, los políticos empezaban a verse fascinados por la comunicación como un medio para acercarse a los votantes. Esta fascinación no sólo se iba a ver reflejada en la proliferación de cadenas de televisión públicas sino que hizo que los Gobiernos se empeñasen en aliarse con los grupos mediáticos. Esta alianza no era más que un aprovechamiento mutuo entre los medios y los políticos. El principal problema de esta alianza es que los medios perderían así su función de control democrático.
En los años inmediatamente anteriores a la crisis, hemos asistido a la aparición de un sistema de medios basado en las tensiones en la vida política. La cercanía entre los medios y el poder (Gobierno u oposición) ha marcado el avance de los grandes grupos mediáticos. En definitiva, los medios se han ido convirtiendo en los altavoces de los políticos.